Hablando claro sobre el aborto
Por María Altagracia Madera
Según muestras estadísticas aceptables, cada veinticuatro horas nace una nueva creatura humana en el mundo, en desproporción con la alta tasa de mortalidad dentro de cada sociedad. Esto significa que por cada ser humano que nace, mueren al menos diez.
¿Qué pretendo decir con esto? Pues, no es necesario ser lo suficientemente inteligente para saber que la natalidad y la calidad de vida humana están, sin duda alguna, en un bajo crecimiento y desarrollo en comparación con la descomunal mortandad que existe a nivel mundial. Ejemplos tangibles: el incremento de la pobreza, la diferencia de clases sociales__En pleno siglo veintiuno__ en relación a la salud, puesto que todavía muchos hospitales públicos de nuestros países presentan evidentes precariedades y negligencias por falta, más que todo de dinero, ya sea del Estado o de la propia ambición del personal, y, por supuesto, no voy a enfocarme en la ética profesional ni a ese ya obsoleto y milenario juramento hipocrático. Eso no concuerda con mi argumento.
Quizás, piensen que al referirme al sistema de salud de nuestros países estoy aludiendo sólo a América Latina y dejando a un lado los países desarrollados, como Estados Unidos y Europa. Pues, se equivocan. Si allá no estás asegurado por el gobierno__estando al día con los impuestos que debes pagar hasta por respirar__ No eres miembro de alguna asociación de caridad, llenando previos formularios y apostándole a la suerte que te inscriban, o simplemente, no cuentas con un buen seguro privado que te cubra hasta el mentriolé yodado para la más sutil de las heridas, la piña se te pone más agria y tu salud__si Dios o algún cirineo de los pocos que aparecen, no meten su mano, se torna en un eminente peligro.
Entonces, ¿a qué le estamos apostando y dando más privilegio, a la vida o a la muerte? Usted mismo analice.
La vida ha sido por años una aliciente de muchas religiones que alegan que para que ella existiera se crearon con mucha sabiduría grandes maravillas en la Tierra, incluso, la Tierra misma es vida, y, paradójicamente, la muerte también es vida. Así lo rezan versículos de la Biblia: ¨El morir es vivir… y la muerte es ganancia, Qué irónico, ¿no? Vida eterna, vida eterna es lo que más predica Jesús a sus discípulos.
En un análisis profundo sobre los dos libros de la Biblia (Nuevo y Viejo Testamento) se puede notar de los prodigios de muchas resurrecciones. No obstante, en los tiempos de Noé, cuando la diáspora de la maldad llegó a enfurecer al Creador, mandó a dar una alerta para que la humanidad se arrepintiera y así no verse en la obligación de destruir la vida que el mismo había creado. Sin embargo, el mundo fue destruido, pero aún así una paloma trajo en su pico una señal, una esperanza de vida. ¡Y qué más! Si seguimos hablando de la época de Abraham (el interrumpido sacrificio de Isaac, su hijo) De Lot__ y las muchas justificaciones para no destruir a Sodoma y Gomorra. Así, como, el éxodo y la odisea de los hebreos en el desierto. Cuarenta años, guiados por Moisés y Aaron en una lucha sin tregua por la supervivencia.
Qué singular ejemplo de vida nos da ese libro antiguo y tan leído hasta nuestro tiempo. Además, desde una vista más óptica, vemos que la vida humana ha sido la más apreciada en la moraleja de estos escritos. El cordero pascual inmolado y el sacrificio de un amado hijo para salvar a la humanidad de la muerte sin esperanza. Ejemplos de dolor, de angustia, de desesperación, pero aún así, de un profundo amor hacia la vida, sin tomar en cuenta las terribles vicisitudes del Elegido, traiciones y desolaciones antes de llegar a la cumbre de su calvario.
No soy religiosa, prosélito, dogmática, ni nada que parezca ser un discurso apelativo, ni mucho menos peyorativo en contra de los que no profesan ni se tragan las lecciones de la Biblia. Incluso, no soy muy dada a contender nada que tenga que ver con credo ni religión.
Sólo soy una asidua lectora de toda clase de libros, que considera y analiza de manera imparcial las temáticas más predominantes: desde el amor y el sexo hasta la economía y geografía de cualquier remoto país. En otras palabras, soy como un libro abierto que todo razona y hasta no desmenuzar, investigar y experimentar un determinado argumento no llego a conclusiones explícitas. Sí, algo muy parecido al Método Científico que tanto descubrimiento y explicaciones juiciosas le ha dado a la humanidad.
Entonces, sin más detalles, hablemos del aborto y sus implicaciones. Por años, el aborto en las mujeres, en sus dos manifestaciones, espontáneo y provocado, ha sido un tema complicado dentro del campo de la salud, puesto que, según expertos, de las dos forma provoca tanto desgarre uterino, como traumas mentales, aunque, el primero pasa a veces desapercibido, cuando se da cuenta la mujer que lo que ha perdido ha sido un embarazo se siente muy vulnerable a una depresión. Incluso, se ha comprobado que muchas de las mujeres que provocan un aborto se sienten, previo y posteriormente a éste, muy ansiosas, y por ende, se altera su conducta, ya sea experimentando una fuerte irritabilidad o un terrible miedo o angustia. La pregunta obligada sería entonces ¿Por qué? Porque, en definitiva, la naturaleza no se equivoca, y sean cuales sean las razones, el hecho que experimentamos las mujeres de llevar una vida dentro de sí, es una experiencia sublime, que de manera inconsciente o conciente, nos hace seres extraordinarios. Llevamos millones de células en el cuerpo, no obstante, ésta es una que ha tomado su propia forma; se ha dividido de manera independiente y está preparada para alojar otras más, de manera que, lo único que la sostendrá a nosotras será el cordón umbilical de la matriz. Este es un proceso que, tanto fisiológica como emocionalmente causa un gran efecto en el organismo de la mujer.