MUERTE

Por Jorge Torres
Dulce muerte, ¡cuánto has tardado! Sabia forma de un mortal traspasar el umbral de la espera; difícil arte que pocos dominan. La muerte cual sabores de jugos, dulces y helados -frambuesa, melón, mantecado, piña, fresa, tamarindo-… escogemos o el destino y Dios escogen el sabor y hasta el color de la odiosa despedida. Mientras el trago sea más amargo, el sueño es más profundo.
El pescador salió jubiloso, rebosante de alegría y fuerzas en el corazón, expectante a los días que pasaría en las profundidades buscando el sustento familiar, lo único que le entristeció por un momento fue despedirse de sus niños y esposa por tres largos meses que pasaría en alta mar pescando. Esta vez se proponía a su regreso comprar blocks, mejorar su casa y comprarle la ansiada lavadora a su mujer; nunca imaginó que moriría ahogado al caer al mar en una tempestad, sin poder rescatar ni aún su cuerpo inerte, para sus familiares llorar su dolor sobre el cadáver.
De haber sabido que aquella riña le traería una venganza tan horrenda, que aquel mal momento que le hizo pasar a aquel infeliz, el cual arrastró en el fango amarrado del cuello con su propia correa, le haría terminar ahorcado por éste, quien nunca perdonó la afrenta. Luego de diez años de lo ocurrido, le acechó en la oscuridad de la noche, le golpeó en la cabeza dejándole inconsciente y atándole una soga al cuello le ahorcó de la mata de mango más abajito de su casa, no sin antes despertarle, para hacerle sufrir la misteriosa agonía de la muerte, frente a un matador que dichoso, le miraba con saña, de seguro le hubiera perdonado que le llamara como quisiera y le enamorara, no su mujer, si no a su misma madre sin poner resistencia.
Salieron todos juntos, cuatro parejas en total, amigos inseparables, ésta sería una noche de juerga, se divertirían hasta más no poder, sin límites de tiempo; luego de recorrer la estrecha callejuela bordeada de altas cañas, apretujados en el carrito de dos puertas como sardinas, con un foco delantero apagado, el cual se había quemado hacía tres días; salieron a la carretera sin tomar el cuidado debido, sin mirar a ambos lados para entrar a la autopista. Los primeros en percatarse del peligro fueron los de atrás, quienes al darse cuenta del grave error, no atinaron a dar la voz de alerta, pues ya estaban en medio de la vía y el camión encima de ellos; el choque fue brutal, el camión siguió su marcha como si nada hubiera ocurrido dejando la autopista teñida de sangre, dolor y muerte. En el accidente murieron todos; cinco personas, tres en el mismo instante del choque, otros dos en el hospital, sin que los médicos pudieran hacer nada por salvarle la vida debido a los mortales golpes recibidos.
Iba apenas rozando el suelo la goma del motor Yamaha 115, pasó frente al complejo turístico haciendo malabares entre los carros que esperaban para doblar a la izquierda, el conductor parecía tener mucha prisa, siguió a alta velocidad, tres minutos más alante, en el frente iba una guagua, detrás un carro de concho, miró al frente para ver si venían vehículos en la vía contraria, al no ver luces cercanas intentó el rebase, nunca se percató que un carro rebasaba en ese momento, al hacer la salida de la vía, el carro rozó el timón imperceptiblemente, suficiente para que el temerario motorista se estrellara aparatosamente contra la guagua, el carro de concho, al estar a oscuras y ocurrir todo tan rápido, no pudo evitar pasar por encima de la motocicleta, luego mientras frenaba de golpe, aplastó el cuerpo ya inerte del motorista, que no fue tan precavido de mirar a ambos lados antes de intentar el rebase.
Disfrutaron sus vacaciones a todo dar, toda una semana de playa, disco, restaurantes, diversión, ¡cómo gozaron estos días! nunca se habían sentido tan a gusto en ningún lugar del mundo, el tour operador le recogió a tiempo para alcanzar el avión de vuelta a casa; en el aeropuerto tuvieron tiempo de tomarse fotos, despedirse de sus amistades, mientras escuchaban un conjunto típico que le despedía a son de merengue, tomaron un delicioso cocktail preparado especialmente para ellos, el cual estaba planeado en su “todo incluido” del club de vacaciones. Tomaron el vuelo a su país en un avión más cómodo del que vinieron, todo era alegría, risas, deseos de volver a disfrutar unas vacaciones como éstas, muchos encontraron ¡por fin! en el soleado trópico, el amor platónico que por tanto tiempo habían estado buscando. Luego de unos minutos de levantar el vuelo, el piloto sintió turbulencias extrañas, el aparato empezó a descender vertiginosamente, llamó a la torre pidiendo auxilio, trató de virar para volver al aeropuerto, pero al intentar girar, el aparato cayó al agua estrepitosamente diseminando por todo el océano los restos del aparato y de los 750 pasajeros más los empleados de la compañía aérea que se encontraban a bordo que ni siquiera fueron alertados del peligro.
No importa cómo, la muerte llega, se las ingenia para cual manto negro oscurecer todo, dejando soledad, pena, cicatriz imborrable que a muchos llega por la caída de un caballo inquieto o un burro mañoso, otros se caen en el baño, resbalan de sus pies, mueren en casa en sus camas mientras duermen, sueñan que se van sobre las olas al cielo y ya no regresan más… luego de un persistente catarro que destruye el cuerpo, una fiebre muy alta, al adquirir un cáncer de mamas por negar al hijo la leche materna; por contagiarse de Sida en un frenético intento de escapar de la rutina un día cualquiera, experimentando nuevos goces; por el nacimiento de tumores malignos, que simplemente aparecen, al advertir su presencia ya es tarde; luego de una operación de apendicitis aguda; al parir una bella niña que no estaba en posición fetal…
Hay quienes no esperan el tiempo exacto, se les antoja insoportable la vida, se suicidan lanzándose de los puentes al vacío, se cortan las venas dejando escapar por las heridas la vida que no les pertenece, dejando, a veces, una estúpida y fría nota de razones inventadas, estrellan los vehículos contra los árboles, queriendo deshacerse de sus vidas en momentos de profunda pena o queriendo con ello arrancar de su mente la compañera o compañero infiel, el amor que rasga el alma. Otros atesoran sus vidas, se cuidan hasta de una mala pisada, temen como el diablo la cruz el momento de la aterradora despedida, nunca quisieran que llegara el día que se le llame “difunto”.
La vida del hombre sobre la tierra transcurre rápida o lenta según la apreciación del individuo, sus proyectos, planes, voluntad, empuje o parsimonía. El ser es un conglomerado de ideas, a veces discordantes. Se van creando las condiciones de una vida dichosa o infeliz dependiendo del medio ambiente, la preservación o destrucción por medio de ideas aprendidas, inventadas, encontradas en el camino. A veces se recogen huellas ya plantadas, otras veces se crean caminos propios, abriendo aberturas, destruyendo malezas que impiden el paso, llenando el hueco de los sentimientos de pensamientos útiles o inútiles, llenando la tierra de policromas personalidades: graves, diminutas, grandes… corrientes teológicas definen la identidad del individuo con sentimientos castos que ensalzan el nefasto cauce, haciendo sublime o engorroso el momento de la muerte, llenándole de miedo o esperanzas.
En las carreteras, no nos extraña, por estar ya acostumbrados, por ser parte ya de la misma vida, ver en el camino, a ambos lados de la vía, cruces que vamos dejando atrás a medida que pasamos; cruces blancas, hermosas, de madera, algunas con luces encendidas, con flores plantadas, corroídas, decadentes, inclinadas, boscosas, olvidadas, garabateadas; allí no encontraremos nada más que esa cruz, signo de un oscuro momento o una alerta para los vivos. Los accidentados/caídos están en el cementerio, y ni aún allí; pues allí también encontraremos nada, al destapar el sarcófago solo encontraremos polvo, huesos corroídos objetos con el mismo valor de las piedras o quizás menos, pues éstos tienen menos utilidad, de ellos no se puede construir un hogar, ni aún las hormigas se le acercan ya más.
Hablar del hombre en su forma material es un error, lo correcto es hablar del concepto que tenemos de ese hombre, su personalidad, sus actos, los hechos que dejó en vida, los momentos compartidos, su forma característica de ser, las obras piadosas o impiadosas que fue capaz de realizar… todo ser humano es característico, único, tiene su valor de acuerdo al concepto que de él tienen los demás, es como en un concurso de baile o canto, donde se le da un número clasificativo por su actuación (ocho de diez). Hay quienes en su existencia brillan como el oro, otros seres son apagados, nunca se dejan sentir, pocos se percatan de su existencia y no por ello dejan de ser únicos, auténticos, valederos, pues como el hábito no hace al monje, la publicidad no hace el producto. Hay almas brillantes escondidas en cascarones viejos, son más las almas podridas en vidrieras de lujo.
El corazón del hombre, ¿quién lo conocerá? Podemos conocer cosas buenas de una persona y decir qué es bueno, pero otros conocen la misma persona y conociendo su lado ingrato, le catalogan como un monstruo. La Santa Biblia, inspiración de Dios, explica que el corazón del hombre es inescrutable para los hombres; quien camina por la verdad es claro, honrado, bondadoso, pertenece a la luz; el hombre engañador, hacedor de fechorías, inclinado a la delincuencia, vive en tinieblas, no atina a definir luz de oscuridad, ni encuentra nunca claridad en el enmarañado bosque de sus sentidos. La jerarquía humana vista desde el punto muerte-vida se define por éste concepto, quienes han avanzado en el camino hacia la luz, saben que nacieron para servir, no para ser servidos, para crecer en la gracia, no para aplastar a otros y con ello sentirse más altos; no nacieron para acaparar riquezas, sino para compartir los bienes, disfrutar plenamente de la vida, sin aplastar, dañar, matar, golpear ni herir el cuerpo ni el alma del otro, que convive bajo las mismas condiciones, con los mismos derechos y deberes.
Muere el malo igual que el bueno, la muerte es la misma, no hay diferencia; pero se crea en la divinidad o no, existe una gracia que diferencia a las personas de los animales, de los vegetales y las rocas; es la esperanza, la fe, el profundo convencimiento de que no todo termina cuando cesa la acción motora, sino, que hay un espíritu incorruptible que busca perfección, desea ardientemente la luz, busca la verdad y el bienestar, teme lo desconocido, pero al mismo tiempo busca conocer el fin último de todas las cosas, en ello le va la vida, vive y desvive por subsistir más allá de la muerte, tratando de asirse a las aspiraciones inalcanzadas, a los sueños irrealizados, al amor que se queda perdido en tenebrosa oscuridad e ignorancia de las dichas o desgracias del porvenir.

This entry was posted on Monday, July 6th, 2009 at 9:55 pm and is filed under Uncategorized. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

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